Salud Mental y formación interdisciplinaria: el accionar de las corporaciones médico-psiquiátricas

En una reciente comunicación institucional de parte de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), se informa a sus asociados sobre un “hecho histórico” para la institución: “…la de ser la única Sociedad Profesional Evaluadora del Sistema Nacional de Acreditación de Residencias del Equipo de Salud, a cargo de la Dirección Nacional de Capital Humano y Salud Ocupacional del Ministerio de Salud de Nación, en lo que compete a las Residencias de Psiquiatría, Psiquiatría infanto-juvenil y Enfermería Psiquiátrica y de Salud Mental de todo el país”.

Esta noticia sorprendió e impactó de inmediato en diversos ámbitos del campo de la Salud Mental, especialmente en aquellos que trabajaron y apoyaron con un fuerte compromiso la sanción de la Ley Nacional de Salud Mental N° 26.657. Esta habilitación hecha a APSA, ha generado cierta preocupación, en tanto que toca un eje fundamental, como es el de la formación y capacitación de los trabajadores  de salud mental, desde una perspectiva interdisciplinaria e intersectorial.

 Entre las diversas asociaciones y colectivos que defienden los lineamientos de la LNSM, se encuentra la “Asociación de Psiquiatras y Adherentes por los Derechos Humanos (APADH), que ante esta situación ha expresado su posición: “…APADH no avala que la formación de psiquiatría esté representada por una asociación -como en este caso APSA-, que no sólo encarnó una férrea oposición a la promulgación de la Ley 26.657, sino que ahora actualiza esa oposición en comunicados recientes, en los cuales se expresa de forma reiterada, la necesidad de que sigan existiendo los hospitales especializados en psiquiatría y salud mental… Éstos – ex neuropsiquiátricos -, son los hospitales que la ley exige SUSTITUIR (y no mejorar o reformar), por lo que desde diversos sectores y actores consideramos prioritario la reformulación de las currículas profesionales para su adecuación a la letra de la ley sancionada, así también el cese de la formación de los residentes, en lo que APSA continúa denominando “hospitales especializados” (monovalentes)”.

 A partir de esta situación confrontada y pensándolo con proximidad,  ¿cómo sería el criterio para habilitar al conjunto de disciplinas que además de la psiquiatría, confluyen en el abordaje interdisciplinario e intersectorial, en el marco de la formación de la RISAM (Residencia Interdisciplinaria de Salud Mental)? y ¿quiénes serán designados como evaluadores? Otro gran interrogante y no menos preocupante, es que dicha dependencia gubernamental que dio el aval a APSA, revela en una comunicación que intenta ser aclaratoria, más confusión aún, al sostener que: “…se sigue trabajando para lograr homogeneizar el Marco de Referencia de la RISAM, a partir de los insumos necesarios para definir las otras especialidades de cada profesión…”.

Como sabemos, la Medicina se estructura en base a “especialidades”, entre ellas la Psiquiatría, que vale destacar, recurre a mecanismos propios de recertificación y revalidación profesional, como forma de un proceso de evaluación de capacitación y actualización. Estos cursos de revalidación, que se realizan en el marco de  la Asociación Médica Argentina (AMA), cuentan entre sus auspiciantes y avales, no sólo a las asociaciones médicas y de psiquiatría más destacadas, sino también a la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA),  la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA) y la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL).

En lo que respecta a la Psicología, el título de grado habilitante no requiere de especializaciones para la práctica clínica.

El tema de las especialidades, requiere de toda la atención y debate, no sólo en Psicología, sino  que también de todas las disciplinas que confluyen en el campo de la Salud Mental, ya que ello implicaría reformulaciones o modificaciones en las currículas o planes de estudio de las facultades y sus alcances respecto de los posgrados y doctorados. En el marco de una incesante mercantilización de la salud, el tema de las especializaciones, avanza de sobremanera en el campo de la medicina y la psicología, apoyados en la genética, las neurociencias y las terapias cognitivas-comportamentales (TCC).

 Es cierto que a la luz de los nuevos lineamientos legales, se requiere y urge avanzar en el debate y consenso para una coherencia epistemológica y metodológica del campo específico, que aún no posee.

En particular y en relación a lo apuntado respecto al aval de las más importantes asociaciones psicoanalíticas en los cursos de revalidación psiquiátrica de la AMA, cabe preguntarse: ¿cómo se consideraría a los profesionales psicólogos que desde su práctica psicoanalítica, desarrollan su labor profesional  tanto en el sistema público como privado, partiendo de considerar a la salud mental como una especialidad?

En este sentido debemos decir que en el marco de la plena implementación de Ley Nacional de Salud Mental, se observa cómo se van operando de forma sorpresiva e inconsulta, resoluciones que contradicen el marco legal, a partir del accionar de grupos corporativos médico-psiquiátricos, que totalmente activos en cuanto a sus intereses,  intentan neutralizar la legalidad vigente, desplegando todo su poder en dependencias gubernamentales.  Recordemos que lo que está en juego, no es sólo conservar una hegemonía científica-ideológica, sino que también, la exclusividad de acceder a cargos de conducción de instituciones, servicios y dispositivos de Salud Mental.

Para evitar hechos consumados que afecten la legalidad y legitimidad de cada una de las disciplinas, pareciera que ha llegado el momento de estar muy atentos y llevar adelante una convocatoria inmediata, para que opinen al respecto todos los actores involucrados en el campo de la Salud Mental. Las circunstancias empujan abordar este gran desafío.

Por Ángel Barraco

Comentar

 

Dejar comentario